Diario de una interventora del PP

9 de Marzo de 2008

Siempre me he considerado liberal. Creo en las reducciones de impuestos. Creo en la libertad del individuo frente a los designios del Estado. Creo en el libre mercado y en la libre competencia. Por eso me siento más o menos identificada con el único partido verdaderamente liberal de España: el Partido Popular.

Hasta hoy nunca había participado activamente en la política. En mis planes no estaba involucrarme. Pero hace pocas semanas pasé casualmente frente a la sede del PP. Pude ver las consecuencias de a barbarie y la tensión que ciertas fuerzas políticas promueven. Al ver el completo destrozo de la sede una especie de chispa de furia me incendió.

Pero, en lugar de responder a la violencia con violencia decidí ayudar democráticamente y con todas mis fuerzas. Participaría como interventora en la jornada electoral.

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La cita era a las 7:30 a.m. Nuestro objetivo era llegar a las ocho de la mañana para poder constituir las mesas electorales. Además debíamos preparar las urnas y todas las papeletas en las cabinas y en las salas. En mi mesa otra interventora del PP y una del PSOE, dos vocales y un presidente de apenas diecinueve primaveras, debutando como votante.

Durante las primeras horas de la jornada todo transcurrió de forma bastante normal. Escasa afluencia de votantes y ambiente animado. Apenas una incidencia en el acta debido a que la interventora socialista se confundió de mesa y ya constituida no pudo cambiarse.

A media mañana se produce la llegada masiva de votantes. Las colas se alargan y la participación comienza a alcanzar el 50% del censo. Entonces ocurre algo: un interventor socialista desaparece de su mesa. Le acompañan unas cincuenta papeletas del PSOE. Reúne corritos de viandantes para repartirlas. Afortunadamente nuestro apoderado puso fin a semejante irregularidad ante las caras de sorpresa de los socialistas que rezaban: ¿nosotros? ¿qué hemos hecho nosotros? ¿acaso hemos hecho algo malo? Y es que a algunos, a hacerse los tontos no hay quien les gane, no en vano, llevan practicando toda su vida.

El resto de la jornada transcurre normalmente. Llegan nuestros almuerzos desde la sede. La interventora socialista se muestra amable y cordial. Temas de conversación completamente apolíticos y llegada de un par de votantes.

Sin embargo, con el avance de la tarde el ambiente comienza a decaer. Y es que el cansancio se nota. Entonces un votante se vuelve hacia mí, depositado su voto en la urna, ve mi credencial. Sonríe y comenta: “Buenas noches y buena suerte”. La verdad es que me hizo gracia.

No quiero entrar en los detalles del recuento. Sólo decir que a eso de las 12 de la noche habíamos terminado. 392 votantes de 488 censados. Me invadía la alegría. Para el Congreso: 290 votos para el PP, 77 para el PSOE y números de una única cifra para el resto de partidos. Los resultados obtenidos para el Parlamento de Andalucía y el Senado eran similares.

Cuando escuché la radio los resultados a nivel nacional me decepcionaron bastante. La otra interventora del PP y yo emprendimos el regreso a casa. Todavía colgaba de mi cuello la credencial del partido. Por la calle el saludo de un completo desconocido: “para la próxima seguro”.

Es imposible sentirse derrotada, después de todo.

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Antes de nada, pediros disculpas por mi larguísima ausencia. El caso es que después de que terminó la espantosa época de los exámenes, en la que los estudiantes nos vemos obligados a renunciar a varios meses de vida, no se me ocurrió nada mejor que hacer un poco el masoca y sacrificar todas mis tardes post-exámenes en un curso de redes WiFi.

¿Y qué mejor forma de volver a las andadas que agradecer algunos premios a mis hermanos blogers? Gracias Schwan, Crispal y Fin de los Tiempos por tenerme en mente a la hora de repartir vuestros galardones.

Bueno, así que después de la doble explotación de curso intensivo y exámenes sólo pude huir hacia Sierra Nevada y pasar allí varios días con mis compañeras de colegio. Dado que eso del esquí ya lo teníamos dominado, empezaba a ser hora de enfrentarnos a nuevos retos. Así que alquilamos nuestras tablas de snowboard y volvimos al clásico Telesilla Borreguiles a aprender a descender colinas nevadas por segunda primera vez.

Vamos, un no parar. Pero ya estoy dispuesta a sumergirme de lleno en la campaña electoral y en las elecciones, las primeras en las que seré un miembro activo del sistema democrático, más allá del simple votar y punto.

Os ruego que me disculpéis por el desorden de mi post de vuelta. pero es que tanto tiempo de abstinencia bloguera, hace que se pierdan las buenas costumbres…

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Aunque no me leas

En casa nunca gustaron las motos. Y yo, como adolescente en plena etapa de rebeldía no podía hacer otra cosa que montarme una y otra vez en cualquier moto a mi alcance. Era inspiradora la mezcla del olor de la gasolina y el gusto de lo prohibido.

Nosotros nos conocíamos desde niños. A pesar de haber estado yendo de colegio en colegio tú siempre has sido una constante. Con el pasar de los años no habíamos perdido el contacto. Incluso mi hermano y tu hermana habían tenido alguna aventura romántica… cosas de niños. Amabas el deporte, sobre todo el baloncesto. Y eras muy bueno, casi diría que el mejor.

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Ese día de verano, a nuestros veinte años, no cogí una moto. Fuiste tú. No se a donde tenías que llegar con tanta prisa. Sólo sé que no llegaste. Después de varios meses en coma, sólo sé que si cojo tu mano no lo sientes. Todos tus sentimientos han quedado reducidos a movimientos de cabeza: sí y no.

Vamos a ir a verte. No sabemos si serás consciente. Pero es tu cumpleaños. Y los amigos estaremos allí. Fuiste tú, sí, pero Dios sabe que pudo haber sido cualquiera de nosotros. Mi destino, como el de todos los que siempre te quisimos, ha quedado esposado a una cama. No se como te sientes, ni cuales son las imágenes que invaden tu mente, ni si lo hacen.

Te llevaremos camisetas de un deporte al que nunca más jugarás. Y sabemos que no podrás sonreírnos por estar allí. Pero sólo verte asentir será suficiente. Es lo que tenemos. Es lo que el asfalto nos ha dejado.

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Un día para recordar

“Nunca olvidaré una noche en la que me despertaron los gemidos de un prisionero amigo, que se agitaba en sueños, obviamente víctima de una horrible pesadilla. Dado que desde siempre me he sentido especialmente dolorido por las personas que padecen pesadillas angustiosas, quise despertar al pobre hombre. Y de pronto retiré la mano que estaba a punto de sacudirle, asustado de lo que iba a hacer. Comprendí en seguida de una forma vivida, que ningún sueño, por horrible que fuera, podía ser tan malo como la realidad del campo que nos rodeaba y a la que estaba a punto de devolverle.”

De “El hombre en busca de sentido” de Viktor Frankl

Verano de 2001

Acababa de llegar a Auschwitz-Birkenau. Bajo nuestros pies la hierba del mayor campo de exterminio del nazismo. Hierba… en Auschwitz. Cuentan las historias que antaño, en el campo, no crecía la hierba. Tales eran las condiciones alimentarias de los presos, que la hierba del suelo se les antojaba una fuente de alimento incomparable. Ni una brizna de hierba crecía en el suelo de Auschwitz.

Aunque era verano, el frío de Polonia no dejaba de notarse. No pude evitar pensar en como sería vivir cubierta por una sola manga del pijama de recluso en pleno invierno. En un lugar en el que la grasa corporal era un lujo reservado a los soldados de las SS.

Sin embargo, lo peor estaba por llegar. La visita a las letrinas fue espantosa. No resultaba difícil explicarse que enfermedades como el tifus se cobrasen la vida de miles de reclusos. Además de la escasa, casi inexistente alimentación, las condiciones sanitarias dejaban muchísimo que desear. Ana Frank, por ejemplo, era el caso que venía a mi mente.

A ambos lados del barracón se levantaban impresionantes columnas de literas de paja, compartidas por varios reclusos. Los mayores conflictos del campo se generaban por intentar ocupar la litera más alta desde la cual no te caerían las defecaciones de otros reclusos encima, en medio de la noche.

A pesar de ello, a los que no encontraban la muerte trabajando, les esperaba en forma de cámaras de gas o “ducha de bienvenida”. Los no aptos para los trabajos forzados eran engañados y dirigidos a las cámaras. Tal y como cuenta la historia, los soldados nazis llegaban a enloquecer después de disparar a gran cantidad de personas y enterrarlas en fosas comunes. Por ello se vieron obligados a crear las cámaras de gas, sistema de exterminio que permitía mantener la cordura a los soldados ejecutores.

Invierno de 2008

Cientos de historias similares rodean mi visita al sitio más terrible que haya visto jamás. Han pasado 63 años desde que el Ejército Rojo liberase el campo. Y hoy recuerdo como pasaba las noches en vela incapaz de conciliar el sueño, después de haber visto las huellas de lo que pasó.

Hoy, Día Internacional de Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, yo recuerdo a todos los que sufrieron la barbarie nazi. Hoy, creo que es la más importante “memoria histórica” del siglo pasado. Hoy mi voz se une a la de Schwan, Elentir, Hartos de ZPorky y miles de personas más que piden que no se olvide.

Dichosos exámenes

Pues sí, a pesar de que intento conectarme lo más posible me encuentro en esa época horrible: los exámenes. No existe dolor comparable al que me produce en estos momentos pensar en lo que se me viene encima.

Pero mientras preparo las ingentes cantidades de café precisas para estos días, me he topado con una noticia que, a pesar de no ser nada reciente, es de interés general. La posteo porque me preocupo por vosotros:

Os dejo el enlece de otro blog que se hace eco de la noticia aquí.

Así que ya sabéis, hay que cuidarse. No estudieis demasiado que no es bueno. Yo, por mi parte, me voy despidiendo esperando poder empezar a postear de nuevo en breve.

Copiando que es gerundio

Hace hoy diez años Apple sacó a la venta un ordenador para uso doméstico. Su novedad radicaba en que seguía la filosofía que se ha bautizado como “all in one”. O sea, todo el ordenador se encuentra en la pantalla. Se pretende con esto quitar la torre y eliminar la maraña de cables imposible de dominar que acompaña a todo sobremesa.

Mucho tiempo ha pasado desde entonces. La criaturita de Apple es conocida como iMac. Ya han visto la luz siete modelos diferentes. Y nunca dejaron de tener gran éxito en el mercado. Hasta el mismísimo Doctor House diagnostica con un iMac Core 2 Duo de segunda generación. Un decenio después han empezado a surgir modelitos “all in one” de la competencia.

Aquí tenemos un Dell XPS One, un Gateway One, un Sony Vaio LT19U y un iMac ¿Qué tienen en común estos cuatro ordenadores?

Exacto, todos siguen el estilo “all in one”. Y aunque se lleve decir que los Macs son para los ricos, conviene recordar que todos los modelos anteriores parten de los 2000€, salvo el iMac, que parte de los 1200€ (he redondeado los precios al alza, hay un error de algunos euros).

No es de extrañar que los nuevos modelos de Apple se mantengan en absoluto secreto. No será hasta el 15 de Enero cuando se presentarán las novedades de la empresa californiana. Según los rumores los nuevos iMac podrían incluir lectores híbridos BluRay-HDDVD, en los que Apple lleva trabajando algún tiempo.

Como reza el dicho popular: “Si nos copian es que les gusta lo que hacemos”.

Yo, por mi parte, me inclino por el modelo de Apple, tanto por su precio como por aquello de que no trae Windows, pero siempre se agradece que haya algo de competencia en el sector.

Un mundo sin fin

Sí, hace escasos dos días que me terminé la última creación de Ken Follet, aunque algunos la conoceréis mejor como la continuación de “Los pilares de la tierra”. Parece ser que el libro ha sido todo un éxito en ventas, superando, incluso la marca de Harry Potter. Una vez terminado, no puedo evitar dedicarle unas letras.

En primer lugar, decir que no hay demasiada continuidad con el anterior libro. Apenas unas menciones a los antiguos personajes y el lugar de desarrollo, la ciudad de Kingsbridge. Supongo que la mayoría sabréis que “Los pilares de la tierra” se encuentra entre mis libros favoritos y, tras haberlo leído cinco veces, se mantiene en la lista.

Es obvio que el predecesor de “Un mundo sin fin” había dejado el listón bastante alto. Sabiendo eso traté de no ser demasiado exigente. Sin embargo, creo que se deja leer, pero no es para nada un imprescindible. La lectura se hace lenta en ocasiones y se agradece la llegada de la epidemia de la peste que, por lo menos, da cierto dinamismo al libro.

Supongo que uno de sus puntos negativos es la época elegida. Mucho se ha escrito sobre la famosa epidemia de la peste y, además, mucho mejor. En concreto me viene a la mente la saga de Ellis Peters de “Fray Cadfael, el monje detective”, cualquiera de los libros de esa serie me transmitió más que “Un mundo sin fin”. La ventaja de “Los pilares de la tierra” era que se distanciaba bastante de todo lo que se había escrito antes (o por lo menos todo lo que ha llegado a mis manos).

Las líneas maestras que definen a los personajes recuerdan a las de “Los pilares de la tierra”. He de decir que, a diferencia de su predecesor, este libro ha escondido tan solo dos momentos verdaderamente emotivos para mí. ¿Alguien se aventura a adivinarlos?

Lamento no poder decir mucho más, pero no quiero comentar más de lo necesario por si existe alguien que esté interesado en leer “Un mundo sin fin”. O su predecesor, aunque no concibo vivir sin haber leído “Los pilares de la tierra”…

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