La burocracia

Cuando un fin de semana no tengas nada que hacer, el teléfono permanecerá silencioso a lo largo de las horas. Sin embargo, cuantas más cosas tengas que hacer, más gente recordará que existes. De hecho, si varias personas te llaman para salir lo harán a la misma hora, si no a horas lo bastante próximas para que, obligatoriamente, tengas que acabar dando plantón a alguien. Creo que Murphy debió escribir algo sobre eso.

El caso, que este último fin de semana y el siguiente ha sido y será versión estresante. Así que me he visto obligada a ausentarme de mis actividades blogueras. Sé que no es excusa, os ruego que me disculpeis.

Sin embargo, mis letras de hoy van dirigidas a la amada burocracia mundial. La forma en la que se complica la cosa más sencilla es espectacular. En concreto, esta mañana ha llegado a mi casa la siguiente carta:

Como es natural, no ha tardado en desatarse el caos. Mi madre dedujo que la destinataria de la carta misteriosa era yo. Y es que en todo el domicilio familiar, yo soy la única que conoce a algún Pachus. Al instante llovieron las preguntas “¿Pachus, te quiero?” “¡Qué callado te lo tenías! Mira que enterarse en el ayuntamiento antes que en tu casa…” Yo sostenía el sobre entre mis manos complétamente atónita.

No tardé en salir huyendo de la escena del crimen, carta en mano. Para terminar con el misterio, os diré que la carta trataba sobre la Gymkhana Urbana Ciudad de Granada, a la que nos apuntamos el año pasado. Resulta que todos usamos el mismo nombre: Pachus, te quiero.

Podríamos dar por olvidado el asunto, sin embargo, todos los que estuvieron presentes en la llegada de la carta no han dejado de exprimir la situación. ¿Moraleja? Con la burocracia no se juega.