Chupasangres

Hoy he tenido un examen de lo más estresante a primera hora. No es que fuese una cantidad excesiva de temario. Ha sido estresante porque por primera vez en casi nueve meses he tenido que recurrir al transporte público para ir a clase. Y si algo tiene el transporte público de Granada es que es caro y de calidad deficiente. Sólo llegan dos líneas de autobus a mi facultad. Y he tenido que pasarme en el bus 35 minutos para hacer el trayecto que hago en coche en 7 minutos. Ha sido desesperante y, en consecuencia, he llegado 15 minutos tarde al examen. Era tipo test y duraba media hora. Conclusión: me perdí medio examen. Aún así me presenté y lo hice. Afortunadamente no era demasiado dificil y me dio tiempo a terminarlo. Estaba contenta hasta que salí de clase y empezó la fase “comparación de resultados” que tanto odio. En consecuencia mi mañana se tornó de nuevo estresante.

Así que a las 12 o así me encontré el letrerito de las donaciones de sangre que se hacen de vez en cuando en la facultad. Y me dijeron “vamos a donar sangre” con lo que yo pienso “bueno, así me desestreso un poco” que siempre que dono sangre acabo como rendida. Y además estaba el factor “desayuno gratis” que tenía bastante peso, y más teniendo en cuenta que no salía de prácticas hasta las 3.

Yo ya había donado sangre con anterioridad. También saliente de un examen. Y nada más terminar la donación caí redonda al suelo. Pero supuse que era debido a mi inexperiencia. Esta vez no iba a pasar lo mismo. Me tomaron mi tensión, comprobaron mi peso, me pincharon en el pulgar para ver no se que cosa. En fin, que me declararon perfectamente apta. Y empezó la diversión…

Me pincharon la bolsa y a llenar. Por alguna extraña razón acabé de llenar la bolsa antes que nadie. Parecía que todo iba bien, ya estaba la dichosa bolsa casi llena cuando empiezan a pitarme los oidos… Y empiezo a ver todo especialmente luminoso. Había viajado al mundo de “yupi”. Total, que me quitaron la dichosa bolsa causa de todos mis males. Y empecé a sudar. Entonces empezó un proceso que ya casi me es familiar.

- ¿Te encuentras bien?

- No, estoy supermareada y me muero de calor.

Entonces aparece la señorita del abanico y te pone los pies en alto y empieza a darte aire. Y otra señorita se acerca a preguntarte “¿Te apetece que te traiga una Coca-Cola o algo?” . Yo soy niña de Pepsi, pero no me iba a poner a discutir, así que respondí afirmativamente. Me obligaron a quedarme allí un rato. Así que mi donación se prolongó por espacio de 50 minutos.

Y salí de allí con dos cañas de chocolate en el estómago y sintiendome como si me hubieran dado una paliza. Y aparecí en las prácticas de Fundamentos de los Computadores, en las que, para ser sincera rendí poco.

Ahora me encuentro en casa, deseando acostarme y jurando que no volveré a coger el autobús público y hacer un examen el mismo día. Se ha demostrado que las consecuencias son nefastas.

Publicado en ETSIIT. 9 Comments »
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.