El arte de la conducción

Algunos consideran conducir un arte. Fernando Alonso es hoy ídolo de masas y una de las mayores preocupaciones de los universitarios de hoy es sacarse el carnet de coche.

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Pero yo considero la conducción una actividad de riesgo. Y no tengo más remedio que dedicar mi post de hoy a mi primera avería en carretera. Sí, es que un coche moderno es como un ordenador. Tiene tantos cachivaches susceptibles de romperse que nunca sabes exactamente donde está el problema.

Y eso es lo que me ha pasado a mí hoy. Como casi todos los días me he levantado con gran esfuerzo y he cogido mi vehículo de transporte habitual. He tomado la ruta más corta a la facultad: la autovía.

Hasta ahí todo normal. El día se perfilaba corriente hasta que me dirigí a la salida que me correspondía. Empecé a aminorar velocidad cuando, repentinamente, comienza a temblar el volante. Yo, con mis escasísimos conocimientos de mecánica y en medio del susto pienso “esto es la dirección o algo así…” pero en ese momento miro a mi derecha y veo que me adelanta un neumático. ¡ESTABA CONDUCIENDO SIN RUEDA!

Siempre he reconocido el mérito de un buen arcén, al que acudí rápidamente en esta situación. Conseguí inmovilizar el vehículo y tranquilizarme a mí misma. Monté los triángulos tal y como indicaban todos los libros de autoescuela. Afortunadamente en la avería me acompañaba mi maravilloso móvil tercera generación nuevo de ayer. Tras unas llamadas comenzó a acudir gente al lugar del suceso.

Primero llegaron mis padres. Y algo después llegaron dos guardias civiles. Total, que en nada de tiempo había allí un ambientazo… Me preguntaron si yo sabía cambiar una rueda. Creo que mi cara contestó por si sola porque el guardia civil no tardó en observar “Ninguna mujer sabe cambiar las ruedas de su coche”.

Total, que al final cambiamos la dichosa rueda (y digo cambiamos porque yo realicé la indispensable tarea de observar atentamente).

Continué por el arcén y llegué a clase.

¿Alguna moraleja?

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